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Las sexoservidoras, el Covid y la lucha por la sobrevivencia en Villahermosa

"Ya me había retirado de este oficio, pero por necesidad, regresé".

Villahermosa.- En la banqueta de la avenida Constitución esquina con calle Coronel Lino Merino, Mía ve a los ojos de cada hombre que pasa ocasionalmente. Cuando adivina una mirada lujuriosa o un rostro sonriente, le hace señas con la cabeza y mano, además de su famosa frase: “Papito ven” “Vamos a la cama”. El mensaje es más que evidente: quiere que contraten su servicio sexual, porque es una trabajadora sexual. Algunos hombres solamente sonríen y van de paso. Hace un intento, dos, tres, nada, ningún cliente quiere acercarse.

“Las cosas se han puesto más difíciles para nosotras (las trabajadoras sexuales). Ya me había retirado de este oficio, pero por necesidad , regresé. Me dedicaba a vender cosas, trabajar en tienda, pero desde que cerraron el negocio tuve que regresar a mi antiguo trabajo. Me hablaron hace rato de casa para decirme ya no hay gas, ¿cómo lo compro si no tengo dinero?, tengo que salir a trabajar”, expresa.

Platica que las medidas de prevención en el trabajo sexual son más rigurosas para evitar contagios por el Covid-19. Antes, la mayoría de las mujeres permanecían en las casas de citas, un número menor salía a la calle a buscar cliente. Ahora, solamente permiten a tres mujeres adentro de las casas de citas y deben estar retiradas a un metro y medio de distancia. Las que salen en busca de clientes deben usar cubreboca porque es obligatorio.

“No solamente usamos cubreboca y mantenemos la distancia entre las compañeras, también usamos gel antibacterial, toallitas húmedas y no permitimos los besos con los clientes, porque sabemos que se trasmite vía saliva, por la nariz u ojos”, dice.

Mía es como cualquier mujer, con hijos, padres, pero decidió ejercer el servicio sexual porque es un trabajo que la saca de apuro, como ahora en la pandemia por el coronavirus. Hasta el momento no tiene conocimiento que algunas de sus compañeras estén infectadas. Cuenta con su carnet ante la Coordinación de Salud del Ayuntamiento de Centro, que la hace valer como trabajadora sexual, la igual que otras 945 mujeres.

Mía es de piel blanca, cabello oscuro, una altura de 1.50 metros, le gusta usar blusa negra y un pantalón de licra color verde, para remarcar su figura. Físicamente sobre sale a sus dos compañeras que le acompañan y que también buscan clientes. Pero con la contingencia sanitaria, ni su vestimenta física y su frase famosa para atraer a clientes le ha funcionado. Si atiende dos clientes al día, es mucho. Por eso pide a las autoridades municipales que creen un programa de apoyo que las beneficie.

“He visto en las noticias que en la Ciudad de México están apoyando a las mujeres de este oficio. Bueno, huno ahí unos problemillas que no tenían fondo las tarjetas, pero después les pagaron. Aquí no nos dan nada. Si me dieran el apoyo estaría encerradita en mi casa, con mis hijos, haciendo comida porque tendría dinero para comprar el gas que me falta”, refiere. Deja de charlar y se retira a buscar clientes.

Desde el ocho de abril las sexoservidoras agrupadas en las organizaciones ‘Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer’ y ‘Casa de las Muñecas’ en la Ciudad de México, recibieron apoyos económicos por parte del Gobierno, debido a la emergencia sanitaria por la pandemia de coronavirus. La ayuda económica consta en pagos diferidos de 2 mil pesos durante 3 meses. En el municipio de Centro, las trabajadoras sexuales están abandonadas.

 

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