Opinión

Los héroes olvidados: el batallón de San Patricio

Nos chamaquean los mismos traidores de siempre: gobernantes, políticos y líderes sindicales.

Por Alfredo Aguilar

Geólogo

Villahermosa.- Los mexicanos no tenemos memoria,.….y menos histórica. Nos chamaquean los mismos traidores de siempre: gobernantes, políticos y líderes sindicales, que por decenios nos han jodido. Y, sin embargo, ahí seguimos votando por ellos, aunque nos sigan chingando, no nos importa. Así somos de pendejos.

Esta situación es promovida por miles de gestores, así se les llama, una runfla de muertos de hambre, sin cerebro, que se venden como putas al mejor postor, para recoger firmas, acarrear incautos y vender los votos. Así de jodidos estamos en México. ¿Las cifras? Son abrumadoras. Más de 70 millones de gente sin cultura. Son mayoría, y por esto esos despreciables seres, sobreviven. Y ahora hasta su descendencia nos imponen: hijos, esposas, parientes y amantes. Y el pueblo, como los chinitos, no más milando.

Ah, pero eso sí, les hemos, levantamos monumentos a personajes que poco han abonado a México o de plano a personajes obscuros de negro pasado: José López Portillo, Luis Donaldo Colosio, Tomas Garrido Canabal, Carlos Madrazo, Leandro Rovirosa Wade o Salvador Neme Castillo, estos últimos aquí en Villahermosa, Tab., y el de Leandro puesto en un mejor lugar por su nieto, Gaudiano Rovirosa, expresidente municipal. Háganme el recabrón favor.

Habiendo muchos otros personajes que se lo merecen. Pero bueno, así somos los mexicanos. Al rato habrá monumentos a los exgobernadores ratas Andrés Granier (cara de culo) y Arturo Núñez (el pingüino).

Perdón por la acida introducción, pero así lo siento. En esta entrega explicare la razón de todo lo anterior, y es sobre la falta de reconocimiento y memoria de los mexicanos,a verdaderos héroes, que ofrendaron su vida sin pensarlo, si, a un grupo de valientes extranjeros, que lucharon contra la invasión norteamericana de 1847.

Me refiero al Batallón de San Patricio, o coloquialmente llamados los Patricios, unos héroes anónimos que ofrendaron su vida, y hoy están olvidados por todos nosotros.

Llagaron a Estados Unidos halla por 1820, miles, huyendo de la hambruna de su país, Irlanda, provocada por sus verdugos, los ingleses. Eran jóvenes, hombres y mujeres, enviados por sus familias, todas muy pobres, con muchos sacrificios, para tener una vida mejor. Ilusos. Llegaron por el puerto de Nueva York,  mas de 2 millones de ellos, entrada forzosa para todos los inmigrantes de la época. Fueron mal recibidos por los pinches sajones luteranos, esos que desde entonces y hasta la fecha han jodido a las minorías y distribuido sus diversas variantes religiosas por medio mundo, sobre todo aquí en México, engañando a incautos e ignorantes. En fin.

El único pecado que habían cometido estos inmigrantes irlandeses, era que profesaban el catolicismo. Eran asesinados, maltratados, violados, esclavizados y por supuesto, sin futuro en ese país. Los más afortunados, vieron que entrar al ejército era una buena opción para sobrevivir, a pesar de lo injusto que, incluso ahí, eran tratados. Eran buenos soldados, muy valientes y entre ellos, formaban verdaderas hermandades.

Todo empezó en 1836, cuando Texas obtuvo su independencia de México, y luego en 1845, cuando el presidente James Knox Polk decidido anéxala a Estados Unidos, y luego de marcar, según él, los nuevos límites entre México y Estados Unidos, busco un pretexto para invadir, y quitar a México casi la mitad de su territorio, en la guerra de 1846-1847, mas de 2 millones de kilómetros cuadrados.

Esto ya estaba pactado con Santa Ana desde 1836, cuando cayo prisionero tras la batalla de San Jacinto el 21 de abril, donde luego de haber sido capturado con su ejército de más 1,000 soldados que descansaban plácidamente junto con su general en jefe, fue llevado a Washington, encadenado, ante el presidente Andrew Jackson, ante quien, por temor a ser fusilado, firmo los Tratados de Velasco, no ratificado por ambos congresos, pero si se comprometió a dar todas las facilidades para la una futura guerra con México.

Y el pretexto se dio. Jackson primero, oferto comprar por 5 millones de dólares por nuevo México y 25 millones por California. O lo toman o lo dejan, advirtió. Ante la negativa, aplicó el Plan B, Un simple pretexto. Una partida de soldados americanos instalado frente a Matamoros, fue atacado por el ejército mexicano, aludiendo que el Rio Bravo no era ya frontera entre Texas y Tamaulipas. El pretexto ahí estaba.  La guerra fue declarada el 23 de mayo de 1846.

Meses antes, muchos irlandeses encuadrados en el Ejército de Estados Unidos fueron enviados a Texas. Entre ellos se encontraba el 5º Regimiento de Artillería, al mando del teniente de artillería John Riley. Ellos simpatizaban con los mexicanos, y estaban en desacuerdo en los motivos de esa guerra. Lo que más los unía era la religión. Así una noche de finales de abril de 1946, semanas antes de la declaración de guerra, el y 47 extranjeros más, entre irlandeses, polacos, italianos, escoceses e incluso algunos norteamericanos casados con mexicanas, abandonaron las filas del ejército invasor. Este dato es muy importante, porque al final, al ser todos hechos prisioneros en la Batalla de Churubusco (20 de agosto de 1847), fueron injustamente condenados y ejecutados como desertores.

Se presentaron ante el Gral. Pedro Ampudia, el exgobernador de Tabasco y favorito de Santa Ana, en la guarnición que estaba en Matamoros. Ahí fueron aceptados en el ejército mexicano. Como tenían amplia experiencia en la artillería, desde ese momento ese contingente fue dedicado a esa arma del ejército mexicano.

El ejército norteamericano, se preparó por más de 10 años para esta guerra. Desde entonces existen los grupos Rangers de Texas y Marines. Formo tres ejércitos: uno que ataco por el Occidente para las ciudades de la costa del pacifico, otro por el Norte al mando del Gral. Zachary Taylor (12vo presidente de USA de 1849-1850), y otro por el Oriente, por Veracruz, al mando del Gral. Winfield Scott. Eran muy superiores en número, en calidad de armamento y sobre todo, en calidad y rapidez de suministros.

Los patricios tomaron el nombre de su regimiento del santo patrono que llevo la religión católica a Irlanda: San Patricio. Su bandera estaba formada con un fondo verde, y de un lado un arpa dorada y las palabras Erin Go Bragh (Irlanda Por Siempre). Estaban decididos a defender la que para ellos era su nueva patria, amenazada por una injusta guerra de invasión.

Santa Ana abandono su exilio en Cuba, luego de su derrota en San Jacinto, y viajo en una nave norteamericana de la Habana a Veracruz, y de ahí a la Cd. de México, donde fue recibido con beneplácito y se le encargo la defensa del país. Háganme Uds. el recabrón favor. La iglesia en manos de Lutero.

Los patricios, participaron heroicamente en casi todas las grandes batallas durante la guerra de invasión norteamericana: Palo Alto a finales de mayo, al NE de Matamoros, que termino en la masacre del ejército mexicano en más de 700. En su camino a Linares, N.L., se les unieron otros extranjeros entre esclavos texanos negros, irlandeses residentes en México y algunos otros inmigrantes norteamericanos y franceses, hasta alcanzar el numero de 250. Al teniente Riley lo ascendieron de grado a capitán, del batallón de artillería y soldados de infantería de primera línea.

La batalla de Monterrey ocurrida entre el 20 y 23 de septiembre de 1846, se perdió porque el Gral. Ampudia decidió, para preservar a la población de la ciudad, capitular. Un empate.

Les siguió la Batalla de la Angostura, ocurrida el 23 de febrero de 1847, en una localidad así llamada por caracterizarse por ser una garganta de paso de una montaña. Las fuerzas eran iguales en número, cerca de 16,000 de cada parte. A un paso de obtener la victoria, luego de horas de duros enfrentamientos, Santa Ana da la orden de retirarse.

De ahí se trasladan a Veracruz, donde el Gral. Scott desembarca el 22 de mayo de manera similar a como los aliados lo hicieron en Normandía en junio de 1946, empleando incluso lanchas de desembarco, para de ahí partir a la Cd. de México por la ruta de Cortes (esto lo repiterian en Normandía en 1944). Una muestra de su poderío. Antes del desembarco, bombardea al puerto por más de 5 días con sus 5 noches, cayendo sobre la ciudad 6,600 bombas, 1,340 cada día, para doblegar la moral de los habitantes y de los pocos defensores, que, a las primeras bombas, huyeron.

El ejército se prepara a defender al invasor en Cerro Gordo, algo parecido al Estrecho de las Termopilas en donde el Rey Leónidas que se enfrentó con sus 300 espartanos a más de 20,000 persas en el 480 a.C., que impedía el acceso a Xalapa. Allí fue recibido el invasor el 11 de abril de 1847.Los patricios llegaron al último al teatro de la batalla, sin sus cañones. Se batieron como infantería de 1ª línea. Aquí se hizo el uso, por primera vez, de cohetes, de poco alcance, pero cargados de miles de esquilas que diezmaron a los mexicanos. Santa Ana al ver esto subió a su carroza y huyo con su escolta precipitadamente.

Esto provocó una autentica desbandada de su ejército y dejando en el campo a más de 1,000 muertos y 3,000 prisioneros. Los norteamericanos solo 400 muertos. Derrota contundente. Muchos patricios murieron ahí.

Los invasores continuaron su avance. Puebla cayó el 14 de mayo sin disparar una sola bala. El camino a la Cd. de México estaba libre.

El 19 de agosto se efectuó la Batalla de Padierna, en una llanura formada por rocas volcánicas, ubicada entre San Ángel y el pueblo de San Jerónimo, en un rancho del mismo nombre. Los mexicanos se batieron valientemente, al mando del Gral. Gabriel Valencia, que, a poco de casi ganar la batalla, solicito refuerzos y municiones al Gral. Santa Ana, quien, desde la terraza de una suntuosa mansión de la Col. San Ángel, la Casa del Risco, observaba los acontecimientos, y que ni siquiera se tomó la molestia de le responderle sus peticiones. Ya sin pólvora ni parque, los mexicanos se enfrentaron al enemigo a bayoneta calada y con sables. Fue una derrota absurda, pero esperada por Santa Ana. Estaba cumpliendo su compromiso con los norteamericanos. Maldito traidor, perro, hijo de puta.

El ejército mexicano se replegó entonces al Convento de Churubusco. La batalla inicio allí el 20 de agosto, muy desigual. 9,000 invasores contra 2,000 mexicanos. Allí los patricios pelearon como leones, como artilleros y como soldados de infantería de 1a línea, sabían que esa era su única oportunidad, ante las estupideces y traiciones de Santa Ana. Si la perdían, sabían que todos morirían. Al final lucharon a bayoneta calada, espadas y todo tipo de utensilios ante un enemigo muy superior, con hambre de venganza.

Y  pues resulta que les acabo el parque, y el que les envió Santa Ana en último minuto, era de un calibre mayor, imposible de usar. El defensor del convento, el Gral. Pedro María Anaya, pasaría a la historia con su frase…”si tuviera parque, no estarían Uds. aquí”. Y pues sí, ahí termino todo para los patricios.
Fueron capturados 72, luego de la Batalla de Churubusco.

Se les dividió en 2 grupos, para ser juzgados y rápidamente condenados, esa fue la orden de Scott, dar un escarmiento ejemplar a esos traidores irlandeses.  De ese número, cuatro fueron absueltos, dos por ser menores de 15 años, uno por ser mayor de 70 años y uno más, John Riley, por demostrar que legalmente no había desertado.

Treinta fueron colgados, en dos tandas, en San Ángel, 16 el 10 de septiembre y 22 al día siguiente, y en Tacubaya el resto, 30, el 13 de septiembre, justo cuando la bandera de las barras y estrellas fue izada en el alcázar del Castillo de Chapultepec, al terminar su heroica defensa.

A Riley se le condeno a recibir 50 latigazos en su espalda desnuda, que por un detalle de contabilidad le fueron dados 9 más, para luego fue marcado con un hierro candente en la cara con la letra “D”, de desertor. El verdugo se equivocó al imprimir al revés la letra en su mejilla derecha, por lo que se procedió a marcársela bien, en la izquierda.

Al final de la guerra, en 1848, John Riley fue liberado, se fue a vivir al Puerto de Veracruz con una mujer mexicana llamada Consuelo, y murió a finales de agosto de 1850 y fue enterrado en Veracruz el 31 de agosto de ese año, con el nombre de Juan Reley, el mismo con el que se hallaba inscrito en los archivos del Ejército Mexicano.

Para conmemorar la heroicidad y entrega de los irlandeses en el ejército mexicano, la calle frente al convento de San Diego Churubusco se llamó Mártires Irlandeses. De igual forma se les recuerda en varias escuelas, iglesias y monumentos.

El Batallón de San Patricio es conmemorado en dos diferentes días en México: el primero el 10 de septiembre, el aniversario de las primeras ejecuciones, y el otro el 17 de marzo, el día de San Patricio. Hay un monumento dedicado a ellos en la Plaza San Jacinto, en la colonia San Ángel de la Ciudad de México, en el que se dispuso una placa conmemorativa del Batallón de San Patricio. Esta placa lista los nombres de miembros del batallón.

En la sala principal de la Cámara de Diputados de México, el nombre del Batallón de San Patricio está inscrito con letras de oro al lado de muchos otros héroes mexicanos.

En 2004, en una ceremonia oficial a la que asistieron numerosos dignatarios internacionales, los directores Lance y Jason Hool y muchos actores de la película El Batallón de San Patricio, el gobierno mexicano donó una estatua al pueblo de Irlanda como agradecimiento por el coraje, honor y sacrificio del Batallón de San Patricio. Esta estatua fue colocada en el pueblo natal de Riley, Clifden, en el condado de Galway, en Irlanda. Todos los 12 de septiembre también se recuerda al Batallón en este pueblo, ondeando la bandera mexicana.

Existe un monumento en la iglesia de Tlacopac, cerca de San Ángel en la Ciudad de México. Consiste en una cruz celta con una placa conmemorativa en la peana, que menciona que varios de los soldados irlandeses ejecutados recibieron sepultura en el atrio. Este atrio ha sido sitio de algunas ceremonias cívicas conmemorativas.

Estos si fueron héroes, no chingaderas, y estoy seguro que pocos mexicanos saben de su existencia.

RELACION DE FOTOGRAFIAS:

Foto No 1: Bandera del Batallón de San Patricio.

 

Foto No 2: Estatua de Batallón de San Patricio en la Plaza de San Jacinto en San Ángel.

Foto No 3: Busto de John Riley en el parque de San Jacinto.

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