Reportaje

«Vine a decirle a mi madre que, si no la libro, pronto estaré con ella»

Muchas personas acuden al Panteón de Sabina a visitar las tumbas de sus difuntos antes del primero de noviembre, porque no habrá acceso.

Villahermosa.- Doña María Hernández Mazariego quita con una espátula la pintura morada deteriorada de la tumba de su madre Aristea Mazariego. No lleva consigo pintura. No la compró. Tampoco lleva flores recién cortada. No sabía si le darían permiso para entrar. Cuando llegó al Panteón de Sabina vio que el acceso principal estaba cerrado con cadena y candato, pero a un costado, había un hueco por falta de malla metálica e ingresó por ese lugar, a pesar de que las visitas están prohibidas por la pandemia.

Una vez raspada la pintura vieja de la tumba de su madre, se detiene y se sienta junto a otra tumba. Se toca la espalda, se queja del dolor: tiene un disco de la columna dañado y el próximo 13 de noviembre le harán una intervención quirúrgica para superar el mal.

Su visita a la tumba de su madre y su difunto sobrino Eduardo Díaz, que ocupan el mismo espacio, fue para encontrarse consigo misma. Para avisarle a su difunta madre que se someterá a una cirugía y, si no la libra, pronto la verá, pero si es voluntad de Dios que todo salga bien, continuará su vida normal.

-Me voy a someter una cirugía y quise venir a meditarlo un rato. A decirle a mi difunta madre que, si no la libro, pronto estaré con ella. Pero si es la voluntad de Dios, todo saldrá bien y continuaré mi vida normal.

Doña María Hernández no es la única que ha entrado al Panteón de Sabina a pesar de estar prohibido las visitas. Otras personas como doña Lulú García, también ingresaron para limpiar la tumba de su madre y su hermano. Sintió el llamado de sus fieles difuntos que era momento de que los visitara.

-Yo fue a preguntar a la administración del panteón qué pasó con la tumba de mi madre, porque ya se deslavó y cubrió toda la lápida. No me dieron explicación, pero cuando me acerqué, no solamente la lápida estaba cubierta de barro rojo, sino que la ceniza de mi difundo hermano que estaba en el nicho, se salió de la cajita y de la bolsa y se regó. Hace varias semanas que llovió muy fuerte. Seguro que las corrientes de agua de lluvia arrastraron la cajita.

Doña Lulú García tampoco lleva flores a como lo hizo el año pasado. Lo que más le preocupa es recoger la mayor cantidad de cenizas de su difunto hermano. La levanta junto con el barro rojo.

-Hermano, hasta don yo pueda levantaré tu ceniza -Dice al aire, pensando que la escucha.

En el Panteón Central, el acceso está cerrado. Hay dos hojas tamaños cartas que indican que no está permitido el paso a los visitantes. A los familiares de los difuntos que llegan a sepultar algún cuerpo, se les pide el uso obligatorio del cubreboca y la sana distancia para evitar contagios por el coronavirus.

Alrededor del panteón, las florerías han puesto los mejores arreglos con precios atractivos, pero las personas llegan a comprar muy poco. ¿Para qué comprar? Si no hay acceso en los 40 panteones del municipio de Centro y no se celebrará el Día de Muertos el domingo primero de noviembre. Las flores como cempasúchil, ponpones, lucen frescas, pero pocos son las personas que compran para llevarlo a sus fieles difuntos. Ya las tumbas tienen flores marchitas, por los seis meses que duró el encierro por la pandemia.

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